Pánico en Maryland por un globo de comunicaciones descontrolado.

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En noviembre de 2015, un globo, anclado junto a otros similares en el campo de maniobras Aberdeen Proving Ground, estado de Maryland, rompió sus amarras por la base de su cable y viajó a lo largo de 322 km, hasta Pennsylvania, dejando un rastro de destrucción a su paso. El mal tiempo ha sido citado como una posible causa del incidente.

La nave de 2.000 kg. flotaba a 3.000 m. desempeñando misiones de vigilancia para Washington D.C.

El globo forma parte del proyecto Joint Land Attack Cruise Missile Defense Elevated Netted Sensor (JLENS) y, a pesar de enorme coste de 2.700 millones de dólares, está considerado como problemático, pues con un enorme despliegue de tecnología tiene dificultades para detectar amenazas y distinguirlas de incidentes de carácter amistoso.

Los globos, además de los sensores necesarios para cumplir con su misión, están provistos también con tecnología de desinflado que se activa de forma automática cuando la nave alcanza una altura determinada, pierde poder o recibe una orden por control remoto.

La opinión generalizada es que este sistema no ha funcionado, ya que en lugar de desinflarse, fue capaz de volar a gran distancia, después de liberarse de su anclajes. Finalmente llegó a su fin cuando se estrelló en una zona boscosa en Moreland Township, municipio de Pensilvania.

Durante su travesía, al globo lo siguieron reactores, a la vez que personal militar lo perseguía por tierra. Mientras, a los habitantes de Pennsylvania se le avisaba de que se apartaran de su ruta y de que tuvieran especial cuidado con el amarre. La descontrolada nave llevaba colgando y arrastrando 3.000 m. de cable de Kevlar que lo anclaba al suelo. Muchas personas tomaron fotografías, destacando una en la que aparece una raya ancha en el suelo, ocasionada por el cable.

En su viaje, el cable rompió varias líneas eléctricas, dejando sin energía generalizada a todo el estado.

Este dirigible de 73 m. no es el primero de este tipo en escapar de esta manera. Por desgracia estaba equipado con un arsenal de de sensores y tuvo que ser derribado por la policía estatal con disparos de escopeta.

La buena fortuna impidió que el aerostato errante no produjese muertos, aunque sí daños significativos a la propiedad privada, a los que el Ejército tendrá que responder.